UNIVERSIDAD PARA EL BIENESTAR BENITO JUAREZ GARCIA, SEDE SAN DIEGO DE LA UNION GUANAJUATO.
INGENIERIA EN PROCESOS AGROALIMENTARIOS
LENGUA ORIGINARIA EN LOS PROCESOS AGROALIMENTARIOS LOCALES.
EL USO DE LA LENGUA ORIGINARIA PARA COMUNICAR LOS CONOCIMIENTOS DE LAS POBLACIONES LOCALES EN TORNO A PROCESOS AGROALIMENTARIOS.
PRESENTA: CARLOS LISANDRO SANCHEZ COLMENERO.
Idea general:
Pueblo Originario.
Pregunta esencial:
¿Cuál era el uso de la lengua prehispánica entorno a los procesos agroalimentarios?
Reto:
Analizar y comprender el uso de la lengua prehispánica entorno a los procesos agroalimentarios.
Preguntas guía.
- ¿Cuál era el vocabulario usado en las labores agrícolas?
- ¿Cómo cuidaban a los animales domésticos?
- ¿Cuál era el vocabulario usado entorno a la salud?
- ¿Cuál era el vocabulario en la economía?
- ¿Cuál era el vocabulario entorno al medio ambiente?
La producción de alimentos es un hecho cultural cuyas formas
específicas son resultado de una suma de factores como lo que la tierra ofrece en función del clima, el relieve, la hidrografía, el tipo de suelo, el
conocimiento acumulado sobre el ciclo de desarrollo de las plantas y las
costumbres de los animales que se capturan, las técnicas para sembrar,
recolectar, cazar o pescar, así como la eficiencia de los instrumentos
disponibles para tales fines y para preparar los alimentos.
En la época prehispánica se dieron dos formas básicas de
cultivo del maíz: de temporal y de riego. Ambas requerían de una planeación
adecuada y una participación colectiva. El terreno donde se sembraría debía
estar completamente despejado, para ello, con la ayuda de hachas y fuego, se
tumbaban los árboles y se retiraba la maleza. Como las parcelas pueden
utilizarse a lo más tres años, pues el suelo puede agotarse y producir cosechas
escasas, el proceso de limpieza se repetía periódicamente, lo que sin duda tenía
consecuencias sobre la extensión de los bosques.
Una vez limpio el terreno, se plantaban entre tres y seis
granos cada dos pasos (entre 15 y 20 mil por hectárea). Las parcelas eran de
distintos tamaños, aunque al parecer había preferencia por las que podían
satisfacer las necesidades de núcleos familiares y, muy importante, ser
atendidas adecuadamente, pues la milpa necesita de constantes cuidados y el
crecimiento de maleza puede afectar el desarrollo de las plantas. Las parcelas
que se localizaban en laderas estaban delimitadas por muros de contención o
hileras de magueyes, que detenían la erosión del suelo y permitían una mayor
retención de humedad.
La agricultura de riego permitía obtener más de una cosecha
al año y fue uno de los factores que propiciaron el crecimiento de la
población. Para la época de la conquista, la ciudad de Tenochtitlan era capaz
de mantener a su gran población gracias, entre otras cosas, a la existencia de
un amplio complejo de chinampas, en el que se cultivaba maíz en combinación con
especies como la calabaza, el frijol y una gama de yerbas comestibles conocidas
genéricamente como quelites. Hoy en día ese modelo de cultivo del maíz en
compañía de otras especies lo que llamamos la milpa persiste en amplias zonas
rurales y constituye su base de subsistencia. Las adaptaciones del hombre en
relación con el maíz y otras especies no se limitan a las relativas a su
cultivo. Se desarrollaron también técnicas e instrumentos para procesarlo y
almacenarlo, entre ellos: los metates esenciales para moler el grano, tan
eficientes que permanecieron prácticamente inalterados hasta épocas
relativamente recientes; los objetos de cerámica, como las ollas –esenciales en
la evolución de las prácticas culinarias pues permiten controlar y hacer más expedita
la cocción de los alimentos y los comales para cocer o calentar las tortillas.
Una característica que hace única a Mesoamérica cuando la
comparamos con las demás civilizaciones del mundo antiguo, como China,
Mesopotamia o Egipto, es que aquí no hubo domesticación de animales con los que
sus agricultores se ayudaran en las labores del campo y el transporte, o que
dieran lugar a la ganadería. Esta peculiaridad imprimió al desarrollo social y
político de Mesoamérica un sello propio, que probablemente desde el principio
la orientó hacia la organización de la energía humana para realizar las
diversas actividades, particularmente las relacionadas con la creación de
infraestructura, así como a la transformación de los paisajes. En la
agricultura, el trabajo manual dio lugar a un conjunto de técnicas y de
estrategias de manejo que, junto con el mejoramiento fitogenético de las
especies y la intensificación del uso del suelo lograda por medio de la
irrigación y del aterrazamiento, dieron lugar al aumento progresivo de la
capacidad productiva. Conocemos razonablemente bien los sistemas de
organización social del trabajo de la época cercana a la conquista española,
que eran dirigidos por los señoríos regionales y por los estados imperiales
(tarasco, mexica), pero difícilmente podremos documentarlos para épocas
anteriores. Se trata de un modelo posible según el cual las sociedades
mesoamericanas habrían descansado en la movilización colectiva de la energía
humana, así como en la capacidad de su agricultura para producir e incrementar
los excedentes necesarios para su desarrollo. Enseguida se consignan algunas
“claves” de esta “agricultura sin animales”.
La domesticación de los animales en tiempos antiguos fue un
fenómeno generalizado que se dio en todos los continentes. Su mayor o menor
desarrollo dependió fundamentalmente de la fauna presente, de que fuera o no
viable para soporta el cambio, de las condiciones ambientales y del tipo de
necesidades humanas. En el área mesoamericana la domesticación fue un proceso
continuo y constante, que se inició hace unos 5 000 años y que quizá nunca
concluyó.
Un animal doméstico es el resultado de una interacción entre
el hombre y la especie animal a la que aquél pertenece, a través de la cual lo
introducimos dentro de nuestra esfera de actividades y lo convertimos en parte
de nuestro ambiente, con el propósito de obtener de él algunos beneficios.
Conforme el proceso avanza, la otrora especie silvestre pierde su autonomía y
el hombre progresivamente adopta el papel de protector del animal para cubrir
sus necesidades básicas. Cuando se ha llegado al punto en que éste cubre su
ciclo de vida completo dentro del ámbito humano, podemos decir que el proceso
está concluido y ya podernos hablar de una nueva especie, pero doméstica.
Respecto a qué tan importante y prolongada sea esta interacción, ello depende
fundamentalmente de los beneficios que obtenemos.
La domesticación como producto natural del desarrollo
humano
La domesticación de los animales en tiempos antiguos fue un
fenómeno generalizado que se dio en todos los continentes, excepto el australiano.
Su mayor o menor desarrollo dependió fundamentalmente de la fauna presente, de
que fuera o no viable para soportar el cambio, de las condiciones ambientales y
del tipo de necesidades humanas.
En la actualidad sabemos que un proceso de domesticación de
animales consta de dos fases: la primera, llamada cautividad, implica la captura de ejemplares y la
privación de la libertad, en tanto que la segunda, que es la domesticación
propiamente dicha, representa el periodo en el que poco a poco las necesidades
de los animales son cubiertas por el hombre, hasta llegar al punto en que
aquéllos ya no requieren del ambiente natural para cubrir su ciclo de vida.
La domesticación de animales en Mesoamérica
La región de Mesoamérica, como foco cultural independiente,
tuvo sus propios eventos de domesticación, que nos fueron ni mejores ni peores
que los que se dieron en otros centros de civilización, pues en todo caso
siempre surgen como un simple derivado de la combinación fauna
existente-intereses humanos. Respecto al factor animal, en esta zona no hay
especies de mamíferos medianos o grandes que sean aptos para la domesticación
con fines alimentarios o como fuente de materia prima (como las llamas en
América del Sur, los borregos en Medio Oriente o el jabalí en Asia). Sin
embargo, existe como contraparte una importante fauna de aves, varias de las
cuales si podían adaptarse al ámbito humano.
Acerca de los intereses del hombre mesoamericano, éstos se
centraron con mayor frecuencia en lo religioso que en lo material, en parte
porque las necesidades básicas en este último rubro siempre estuvieron
cubiertas adecuadamente a través de la fauna silvestre, del perro y del
guajolote, y en parte también porque varios de estos eventos de domesticación
se dieron dentro del seno de culturas que tenían una infraestructura económica
bien establecida, y por tanto el esfuerzo humano se dirigió a satisfacer
necesidades de otro tipo, por ejemplo el religioso.
En Mesoamérica la domesticación fue un proceso continuo y constante, que se inició hace unos 5 000 años y quizá nunca concluyó. Hasta donde sabemos no existió una región donde se dieran estos eventos en mayor cantidad, y de hecho lo que conocemos en este momento quizá es sólo una pequeña parte de lo ocurrido.
La salud de la sociedad depende de su alimentación, de la
asistencia pública y de sus conocimientos médicos. Sin embargo, para un mejor
entendimiento la medicina mesoamericana se debe de conocer su cosmovisión, para
comprender tanto las causas sobrenaturales como las naturales de las
enfermedades que aquejaban a la población.
Durante millones de años, la defensa estaciona contra las
enfermedades infecciosas fue el sistema inmunológico natural, y lo fue hasta
mediados del siglo XX, cuando se desarrollaron por primera vez los
antibióticos. La aparición del sida nos obligó a recobrar la importancia de
este sistema inmunológico, incluso cuando hay un avanzado desarrollo en la
ciencia médica: la salud pública no depende exclusivamente de dichos avances.
Uno de los sustratos fundamentales de la salud es una dieta
adecuada; algún sumo de proteínas, sobre todo se considera fundamental para que
exista un sistema de defensa adecuado. La dieta azteca como lo he señalado en
ocasiones anteriores (Medicina, nutrición y salud aztecas), era bastante buena.
Las más recientes investigaciones sobre los mayas contradicen la hipótesis de
que durante el Clásico Tardío hubo una mala alimentación en general; la
estructura promedio de los mayas ha disminuido, sobre todo, en los últimos 500
años.
Un segundo requisito para una buena salud son servicios
públicos adecuados, que incluyen agua potable, drenaje e higiene pública y
personal. Teotihuacan, varias ciudades mayas y Tenochtitlan tuvieron agua
potable y drenaje. Los habitantes de Tenochtitlan recolectaban la basura y
lavaban las calles diariamente. La higiene personal también era muy importante,
como muestran las referencias a la higiene en el Códice Badiano y las recetas
para jabón desodorante, dentífricos y productos para refrescar el aliento ahí
mencionadas. En Mesoamérica no hubo epidemias de enfermedades infecciosas
asociadas al ganado, como la viruela y el sarampión, aunque tenemos información
sobre epidemias de disentería, influenza y neumonía, reumatismo, artritis y
tuberculosis. Una muestra de salud en Mesoamérica es que su esperanza de vida
fue de 37 +- 3 años, que sobrepasa el promedio de Francia en 1800, que era
alrededor de 29 años.
Tipos de sistemas médicos
George Foster y Bárbara Andderson (Medical Anthopology)
consideran que hay sistemas médicos que comparten características universales.
Los autores creen que los sistemas médicos comparten medidas preventivas y
curativas que son parte integral de las culturas. La enfermedad se define
culturalmente y es usada para ejercer control sobre la sociedad. De acuerdo con
Foster y Anderson, hay dos grandes sistemas médicos no occidentales: el sistema
personalista y el naturalista. Los sistemas médicos personalistas consideran
que las enfermedades son causadas internacionalmente por algún agente que puede
ser sobrenatural (dios), alguna entidad no humana (fantasma, espíritu malévolo
o ancestro) o alguna persona (brujo o hechicero). En los sistemas naturalistas
la enfermedad se atribuye a causas naturales. Estos sistemas explican la
enfermedad como una pérdida del equilibrio del paciente, ya sea en su interior
o respecto a su entorno social o natural. Foster y Anderson opinan que aunque
ambos sistemas no se excluyen, uno de los dos será el predominante según la
cultura. Si bien este modelo puede resultarnos útil en el análisis de medicina
mesoamericana debemos aplicarlo con cautela; no debemos incluir la medicina
mesoamericana en ninguno de los modelos sin reticencias; más aún, como veremos,
hay un rango importante de enfermedades causados por fuerzas anímicas que no
fueron contempladas por los autores en sus modelos.
Cosmovisión
Los mitos del tlacuache que en Mesoamérica hubo una
cosmovisión común, con una amplia gama de temas ideológicos, que persistió
durante miles de años antes de la llegada de los españoles y en un vasto
territorio, que abarcaba desde el Norte de México hasta el Salvador. Un buen
número de estas creencias fundamentales son importantes para analizar y
entender la salud y las enfermedades en Mesoamérica. Algunos ejemplos serían la
división del mundo en pares complementarios (tierra/cielo, frío/caliente,
macho/hembra, etc.); el animismo; la visión del cuerpo humano como un
microcosmos que refleja el universo; las creaciones cíclicas; un sustrato
chamánico (que si bien generalmente sólo se encuentra en las sociedades
cazadoras-recolectoras persistió en las sociedades estatales mesoamericanas),
la creencia de un universo tripartita conformado por el cielo, la tierra y el
inframundo, así como la comunicación de los tres niveles mediante estados de
trance obtenidos con la ingestión de alucinógenos; la existencia de fuerzas
anímicas en el cuerpo humano.
Mesoamérica posee también un calendario común, que se
caracteriza por la combinación de un ciclo sagrado de 260 días con un
calendario solar de 365 días. Este calendario ejercía influencia sobre los
seres del universo regulando el flujo de las fuerzas anímicas del mundo
superior hasta la tierra a través de un centro (axis mundi) y cuatro puntos
cardinales. Se sabe que el chamanismo, el calendario y el árbol del mundo se
remontan hasta los olmecas del Preclásico; pero la información más amplia y
precisa sobre las prácticas y creencias médicas provienen de los aztecas, cuyas
creencias se explotan con frecuencia hacía otras sociedades mesoamericanas. A
pesar de sus peculiaridades espaciales y temporales, nos parece que la medicina
azteca es un buen ejemplo de la medicina mesoamericana. Otros artículos de esta
misma revista se ocuparán detalladamente de algunos de estos aspectos que aquí
apuntaremos solamente.
La economía de los pueblos mesoamericanos se sustentó
principalmente en el trabajo humano, al no contar con máquinas o animales de
carga. La propiedad y el cultivo de la tierra eran principalmente comunitarios.
Las principales fuentes de subsistencia fueron la agricultura, la caza y
recolección, la pesca, el comercio y el tributo.
La subsistencia en la época prehispánica se basó principalmente en la agricultura. De acuerdo con Enrique Semo cuatro plantas dominaron en la agricultura mesoamericana: el maíz, el frijol, la calabaza y el chile. En menor medida destacaron el aguacate, el amaranto, la seta y el agave. El maíz fue el producto agrícola por excelencia porque era posible de cosecharla 2 a 3 veces al año y aprovechar cada parte de la planta: los granos para la masa, la sopa y algunas bebidas; las hojas para envolver comida, cocinar o adornar; el tallo, olote y los cabellitos para la elaboración tés en c El maguey fue otro cultivo que se utilizaba en su totalidad: del líquido de su corazón se preparaba octli o pulque y se elaboraba el aguamiel; de sus pencas se extraían fibras para hacer telas, cordeles, calzado y papel, además de endulzante que se puede comer fresco o en forma de miel y un azúcar llamado chancácatl; las espinas se utilizaban como agujas y los gusanos de maguey se degustaban como comida. El nopal se utilizaba al igual que su fruto la tuna para la comida y del insecto cochinilla se extraía un tinte rojizo para colorear telas, murales y códices.
Las formas de propiedad y cultivo de la tierra variaron en
las distintas regiones de Mesoamérica. Gracias a las fuentes históricas, la
situación de la civilización mexica es la más conocida. En el mundo mexica la
tierra pertenecía a todo el pueblo y el usufructo, el producto del trabajo, le
pertenecía al hombre que la trabajaba. El usufructo de la tierra se heredaba a
los hijos y en el caso de quedarse sin descendencia, volvía al pueblo para ser
distribuida nuevamente.
Las principales técnicas agrícolas fueron:
- Roza y quema: la vegetación de un terreno se cortaba y quemaba, para después sembrar la semilla. La producción agrícola depende de la lluvia. La ocupación del suelo es temporal, pasados un par de años, las cosechas disminuyen drásticamente y la parcela debe dejarse descansar durante varios años (entre cuatro y seis años); por lo tanto, el agricultor debe desmontar y montar continuamente nuevos terrenos.
- Agricultura extensiva con sistemas de riego. Éstos incluían canales, diques, presas, derramadores, depósitos pluviales, etc. El agua se hacía llegar por la gravedad, a través de una red de canales hasta las parcelas. En el sistema de agricultura intensiva se practicaba la asociación, rotación y escalonamiento de cultivos. Las tierras requerían de un descanso corto, de uno o dos años,
- Sistema de terrazas: en Monte Albán y las ciudades mayas en algunos valles del sur.
- Sistema de chinampas: especialmente en el Valle de México que es un tipo de balsa hecha con troncos y varas sobre la que se deposita tierra vegetal para cultivar en ella flores y verduras.
En el México central, la erosión del suelo y la desforestación eran problemas serios desde antes de la llegada de los españoles. De sus estudios de depósitos aluviales de la región, el geógrafo Sherburne Cook concluyó que en muchos lugares la pérdida de suelo comenzó mucho antes de la conquista. Aún más, encontró una cercana correlación entre la gravedad de la erosión del suelo y las densidades de población. Particularmente, regiones ocupadas por los mixtecos en Oaxaca (556 personas por milla cuadrada en 1520), por los nahuas en Puebla (1,245 personas por milla cuadrada), y por los tarascos en Michoacán (1,754 personas por milla cuadrada) mostraban una erosión de "severa a localmente completa" al momento de la conquista.73 Los indígenas de México central se mudaban a las empinadas faldas de las colinas a medida que la agricultura en los valles ya no podía mantener crecientes poblaciones y la erosión del suelo hacía imposibles los cultivos en las partes más bajas.74 La pérdida del suelo en las alturas superiores era aún más rápida que lo que había sido más abajo. Y para empeorar la situación, los cortos aguaceros que ocurrían rutinariamente en la región de fines de la primavera a comienzos del otoño se llevaban los suelos expuestos. Eventualmente, el deterioro de la tierra habría amenazado la supervivencia de esos pueblos.75
Los indígenas de México central quemaban bosques para plantar maíz. Al momento de la conquista, los nahuas cultivaban aproximadamente el 15% de la tierra en la meseta central, mucha de la cual había estado arbolada anteriormente.76 La recolección de leña ponía una carga adicional sobre los bosques de la región, ya que era la fuente primaria de combustible para los habitantes de las tierras altas, cerca de once millones de habitantes. El uso de la madera en la construcción, incluyendo la calcinación de la cal para edificar templos y pirámides, era también otra causa de desforestación.77 Los españoles se percataban del uso extensivo de madera por parte de los aztecas para canoas, cajas, mesas, puertas, pilares, techumbres, dinteles, columnas, planchas y tablas.78 Los informantes nahuas de Sahagún describían los bosques como un lugar "donde se cortan los árboles, donde hay troncos, un lugar de vigas". 79 Los comerciantes vendían hachas de bronce y cobre en los mercados de Tenochtitlán, la capital del imperio azteca,80 y los gobernantes aztecas recaudaban madera como parte del tributo que recibían de otros indígenas.81 La madera era una parte importante de la economía azteca.
Algunos indígenas en México central se preocupaban por la erosión del suelo y la desforestación. Para impedir la erosión, los pueblos nativos construían terrazas con piedras, tierra y magueyes.82 Los nahuas dejaron de usar algunos de los bosques de la meseta plantando los cultivos en camas de lodo y material orgánico en descomposición (las chinampas*) en las partes poco profundas de los lagos. Debido al clima templado del valle, se podían levantar varias cosechas al año con esta productiva forma de agricultura. Después de que el rey Netzahualcóyotl construyó un dique a través del lago de Texcoco en 1449 para evitar las inundaciones, los niveles de salinidad en los lagos al sur del valle de México disminuyeron a tan baja concentración (debido a su separación de las aguas salobres del norte) que podían mantener una producción de chinampa en gran escala. Después de la hambruna de Un Conejo (ciclo de tiempo de los aztecas) en 1454, los indígenas en el Valle de México expandieron los campos elevados para generar un amortiguador contra las fuertes heladas y las prolongadas sequías que habían culminado en hambruna masiva. A la segunda mitad del siglo XV, las chinampas cubrían aproximadamente nueve mil hectáreas en los lagos de Xochimilco y Chalco, y cada hectárea alimentaba entre quince y veinte personas.83 Estos campos, entonces, podían mantener a la mayor parte de los aproximadamente 235,000 pobladores.84 Los indígenas aparentemente no cultivaron las cañadas o las faldas de las montañas que rodeaban al valle de México, en su lugar plantaban en las tierras planas y cerca de sus casas.85 Bien sea que se lo hubieran propuesto o no, las chinampas colaboraron en la conservación del suelo y del bosque al reducir presiones para quemar empinadas colinas arboladas para cultivarlas.
Unos cuantos de los gobernantes anteriores a la conquista
promulgaron reglamentos forestales. Quizá el primero en hacerlo fue el príncipe
chichimeca del siglo XIII Nopaltzin, que prohibió encender fuegos en las
montañas y en el campo sin licencia, y aún así, sólo cuando fueran
necesarios.86 Aunque los motivos de Nopaltzin para su edicto son desconocidos,
parecía estar preocupado por los efectos del uso incontrolado del fuego sobre
la fauna y el bosque, ya que ambos eran recursos importantes. Los reyes tarascos,
que apreciaban los bosques como el hábitat para la fauna, como una fuente de
varios productos y como un proveedor de madera para propósitos ceremoniales,
nombraron guardas forestales para supervisar las actividades de los
madereros.87 Preocupado por la creciente escasez de árboles, Netzahualcóyotl
restringió las áreas donde la gente podía cortar madera para construcción y uso
ordinario. Y declaró que aquellos que cortaran árboles dentro de las áreas
protegidas fuesen ejecutados (más tarde modificó este decreto permitiendo a sus
súbditos recolectar madera muerta y ramas dentro de las reservas).88 La escasez
que había resultado del uso irrestricto de los recursos maderables había
llevado a las primeras reglamentaciones forestales en México.
Los indígenas de México central protegían a la fauna
silvestre con propósitos utilitarios y ceremoniales, así como por su valor
estético.91 De acuerdo con sus leyendas, los tarascos se establecieron en la
región alrededor del lago de Pátzcuaro para explotar sus ricas pesquerías y la
abundante cacería. A pesar de ser un pueblo básicamente agricultor, los
tarascos seguían siendo diestros cazadores y pescadores. Capturaban a los
sabrosos peces del lago con anzuelos y redes. Durante los meses invernales,
rodeaban a las aves migratorias con sus canoas y las mataban con lanzas en
forma de tridente. Los cazadores aprovisionaban a los reyes tarascos con
venados, conejos, patos, codornices, y otras aves, para usarlas como
sacrificios o como comida.92 Los tarascos también mataban animales por las
pieles para hacer sus vestidos. Las gentes que se establecieron en las orillas
del lago de Pátzcuaro nunca dejaron de hacer uso de la caza y la pesca a su
disposición.93
También los aztecas eran excelentes cazadores y pescadores. Los cronistas españoles relataban cómo usaban sus redes y dardos para matar muchas aves y peces, que aportaba una significativa fuente de proteínas para los habitantes del valle de México.94 En la "sección de pesca fresca" de los mercados aztecas, los vendedores ofrecían pescado negro y blanco, camarón, caracoles, salamandras, renacuajos, ostras de río, tortugas, huevos de tortuga, y más de una docena de aves acuáticas que iban de patos a garzas. La provisión de carne también incluía conejo, venado, comadrejas, topos, cerdos salvajes, víboras, huevos de iguana, gusanos de maguey y chapulines. Además de los artículos comestibles, los mercaderes vendían las pieles de jaguar, puma, nutria, venado y tejón.95 Los reyes aztecas reglamentaron la pesca, si bien no la cacería. Los funcionarios reales castigaban a los pescadores que capturaban más peces de los que podían comer o vender.96 A medida que los recursos se volvían más escasos, también crecía la necesidad de eliminar el desperdicio.
Los aztecas y sus vecinos mataban animales para satisfacer
"necesidades" ceremoniales y para alimentarse. Llevaban a cabo
cacerías rituales y sacrificaban lobos, venados, liebres, conejos, pequeños
perros, faisanes, lagartos y seres humanos para apaciguar a sus dioses.97 Las
plumas de ave y las pieles de animales estaban entre los más preciados objetos
de tributo.98 Además de su importancia ceremonial, estos objetos eran usados
por la realeza para su placer personal. Los reyes de Texcoco tenían alfombras
hechas de pieles de jaguar, cobertores hechos con plumas de águila, y
tapicerías hechas con pieles de conejo.99 En su utilización de los animales,
los pueblos de la meseta central habían excedido por mucho sus necesidades de
subsistencia. Para cuando la conquista española, los aztecas estaban forzando
el medio ambiente de las tierras altas centrales. Su uso de la madera como
combustible y para la construcción, y su desmonte de las tierras para
agricultura, había cobrado una cuota alta de los bosques.100 Muchas colinas
estaban seriamente erosionadas.101 La cacería de aves migratorias y patos en
gran escala disminuyó mucho a esas poblaciones.102 Sin embargo, los aztecas no
habían agotado su provisión de alimentos. Los estudiosos del tema, casi
universalmente, han rechazado la teoría de que los aztecas practicaban los
sacrificios humanos para aumentar (por medio del canibalismo) su escasa
provisión de proteína animal.103 Cuando Hernán Cortés conquistó a los aztecas,
el valle de México y los terrenos aledaños no estaban al borde del colapso
ecológico.

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